MEMORIAS Y ROSTROS DEL PARAGUAY EN EL CINE DE PAZ ENCINA
Nacida en Asunción en 1971, Paz Encina construyó una trayectoria paralela al resurgimiento internacional del cine paraguayo durante las primeras décadas del siglo XXI. O, más precisamente, fue una agente directa de ese fenómeno. Formada en Cinematografía por la Universidad del Cine, en Buenos Aires, comenzó a realizar cortometrajes todavía en la década de 1990 y también trabajó con video, instalaciones y diferentes soportes cinematográficos. Hacía audiovisual en un país de producción históricamente discontinua, marcado por el aislamiento geográfico, sucesivos períodos autoritarios y por la dictadura de Alfredo Stroessner, que permaneció en el poder entre 1954 y 1989. En ese contexto, Encina logró una circulación internacional inédita para una realizadora paraguaya de su generación y se convirtió además en una figura esencial en las cuestiones relacionadas con la manera en que la memoria de su país se transformó en materia central de su cine.
Esta proyección adquirió mayor dimensión con “Hamaca Paraguaya” (2006), su primer largometraje, presentado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y ganador del premio FIPRESCI (Federación Internacional de Críticos de Cine). Hablada en guaraní, la película sigue a una pareja de campesinos ancianos que espera el regreso de su hijo, enviado a la Guerra del Chaco, conflicto histórico que involucró al país entre 1932 y 1935. La situación dramática mínima —dos personas, una hamaca, la espera, la lluvia que no llega, un hijo ausente— permite a Encina organizar una concepción rigurosa de la duración, el espacio y la escucha.


Los planos fijos y prolongados de “Hamaca Paraguaya” rechazan la progresión dramática convencional, y las voces, frecuentemente disociadas de la imagen, producen un tipo de temporalidad en la que presente y pasado dejan de funcionar como instancias separadas. La espera deja de ser apenas el estado de los personajes: se convierte en la propia forma de la película y, en una dimensión más amplia, en una manera de pensar un Paraguay suspendido entre las consecuencias de la guerra, las pérdidas acumuladas y la falta de resoluciones.
La memoria constituye un principio de construcción estética en el cine de Encina. Esto se vuelve especialmente evidente en “Ejercicios de Memoria” (2016), realizado a partir de la historia de Agustín Goiburú, opositor a Stroessner secuestrado y desaparecido durante la dictadura. Al recurrir a los recuerdos de los hijos de Goiburú y a los llamados Archivos del Terror, Encina no busca reconstruir el pasado según una lógica explicativa o cronológica, sino que trabaja, ante todo, con vestigios: voces, documentos, objetos, espacios vacíos e imágenes que sobreviven a las personas. La separación entre imagen y sonido, ya fundamental en “Hamaca Paraguaya”, adquiere aquí una dimensión directamente política. Aquello que el poder intentó borrar regresa de manera fragmentaria, en una operación autoral que la consolidó aún más en el escenario audiovisual.
Con “EAMI” (2022), ganadora del Tiger Award en el Festival de Róterdam, esta investigación se desplaza hacia el territorio y la experiencia de los Ayoreo Totobiegosode, pueblo indígena afectado por la destrucción de sus tierras ancestrales. La película incorpora el ayoreo y formas de narración vinculadas a la cosmología de este pueblo, y articula experiencia histórica, mito, naturaleza y memoria sin someterlos por completo a las categorías narrativas del cine occidental. Vista en conjunto, la filmografía de Encina pertenece plenamente al cine latinoamericano contemporáneo, pero escapa a una definición genérica de “cine latino”. Su fuerza reside justamente en la radicalidad de la experiencia localizada: Paraguay, sus lenguas, guerras, dictadura, pueblos y silencios. En este aspecto, su trayectoria puede aproximarse a la de Lucrecia Martel en Argentina. Ambas alcanzaron una posición central en el cine latinoamericano de las últimas décadas haciendo de la especificidad de sus territorios y, sobre todo, de la elaboración del sonido y del fuera de campo elementos estructurales de una escritura autoral.
Dos décadas después de “Hamaca Paraguaya” y plenamente activa, Paz Encina es simultáneamente una figura decisiva para la consolidación contemporánea del cine paraguayo y una autora cuya obra trasciende las fronteras de lo nacional. Sus trabajos circularon por instituciones como el Harvard Film Archive, el Berkeley Art Museum/Pacific Film Archive y el MoMA, y formó parte del Radcliffe–Film Study Center Fellowship, en Harvard, y recibió, además del FIPRESCI en Cannes y del Tiger Award en Róterdam, el Prince Claus Award.
La continuidad de sus investigaciones atraviesa largometrajes, cortometrajes e instalaciones y encuentra en la memoria una forma de interrogar el presente. En el cine de Paz Encina, recordar no significa recuperar íntegramente lo que pasó, sino confrontar ausencias, escuchar aquello que sobrevive y encontrar una forma para las narrativas del presente que permanecen.
Marcelo Miranda
Curador del Homenaje y de la Muestra Diálogos Históricos