MOSTRA HORIZONTE: ¿QUÉ EXPRESAN LOS PRIMEROS LARGOMETRAJES?
Cléber Eduardo
Coordinador curatorial
Una muestra de primeros largometrajes, o de largometrajes de debut en la dirección, como es la programación de la Mostra Horizonte en su primera edición en 2026, tiene sus especificidades orientadoras. Una muestra competitiva de programación latinoamericana tiene especificidades aún mayores. Dirigir un primer largometraje es un hito marcado por desafíos y generador de cierto nivel de expectativa hacia el futuro en el cine. Al tratarse de un primer largometraje latinoamericano, con particularidades nacionales y regionales en relación con las inversiones públicas y las dificultades estructurales para viabilizar las primeras películas, las complejidades son enormes. La geopolítica de los festivales y del cine en general ejerce una presión sobre quienes comienzan. Es necesario llamar la atención desde el punto de partida.
Cada película inscrita en la Mostra Horizonte y programada para competir, por diferentes caminos, tuvo ese desafío en común: llamar la atención sobre su propuesta cinematográfica. ¿En qué medida esta presión se adecua a la personalidad creativa de quien dirige su primera película? Pueden surgir tensiones en el interior de este proceso y afectar directamente las características de las películas. Esto no es exclusivo de los primeros largometrajes, ni siquiera de las películas latinoamericanas, pero los primeros largometrajes latinoamericanos viven esto con mayor intensidad. Eventualmente, se parte del país de origen, por razones diferentes, pero también comunes: mejores oportunidades. Tres de las películas de Horizonte tienen responsables de la dirección que residen fuera de sus países de origen.
En nuestra programación hay diversas formas. Un primer largometraje lleva consigo esa expectativa de mostrar una novedad. Puede ser exactamente lo contrario de la carta de presentación profesional de una filmografía en sus comienzos. Por ejemplo: las imágenes captadas con cámaras no profesionales, realizadas sin el objetivo de formar parte de una película, son evidentes en Jankee y Cuba y la Noche, ambas con registros realizados diez y cinco años atrás, respectivamente, que abordan vestigios del pasado reciente con mayor o menor permanencia. Una trabaja con sus propias imágenes personales. La otra, con imágenes ajenas, disponibles en internet. Tanto la mexicana Yamel Thompson, directora de Jankee, como el cubano Sergio Fernandez Borrás, director de Cuba y la Noche, viven fuera de sus países.
Las seis películas de cineastas debutantes nos presentan mundos, vidas y personajes en algún nivel de crisis con sus propias experiencias: un romance incierto con una cámara indiscreta, la lucha por la libertad bajo riesgo y ante la concreción de encarcelamientos, la huida y la resistencia de cuerpos controlados por la policía en una sociedad distópica, el vaciamiento de ciudades por razones diversas y alegóricas y la tensión con la inmigración dentro del continente. Las imágenes son diversas, menos profesionales o estilizadas, más oscuras o más coloridas, con cámaras inestables o con rigor en el encuadre. Si hay futuro, no se sabe qué será, pero el presente tiene su electricidad, incluso con cuerpos cuya potencia no está tan explícita.